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Héroes, Heroínas y Tiple.

"Yo confío en la multitud. Hoy, mañana y pasado, esa multitud que sufre el suplicio, que lo sufre en silencio, sabrá desperezarse y para ese día, ¡oh bellacos!, será el crujir de dientes". – Jorge Eliécer Gaitán.

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Gentil Montaña, compositor e intérprete de la guitarra clásica en Colombia

Visto en Fonoteca, Memoria Sonora de Colombia.
Por: José Perilla

En la Fonoteca de rtvc, reposa un cuantioso número de grabaciones del programa Recital de la Semana, el cual reunió, durante las décadas de 1960 y 1970, a los principales intérpretes musicales del país, además de aquellos extranjeros de visita en gira de concierto. Todos pasaron por los estudios de la Radio Nacional de Colombia para realizar grabaciones que hoy dan cuenta de repertorios y tendencias de interpretación del momento.

Dentro de esas grabaciones, llaman la atención aquellas en las que participan guitarristas solistas, si se tiene en cuenta que en lo que concierne al contexto colombiano, es poco conocida la historia de la guitarra durante el intervalo comprendido entre las dos décadas mencionadas. Al referirse a la presencia y desarrollo de la guitarra clásica en Colombia, no se puede pasar por alto la presencia de Gentil Montaña, y no sorprende su presencia en el archivo. Por las casi nulas referencias musicales de la labor de este importante músico en esos años, difundir esas grabaciones es primordial.

Músico tolimense, Julio Gentil Albarracín Montaña vivió entre los años 1942 y 2011. Luego de pocos años transcurridos entre Purificación e Ibagué, en compañía de algunos de sus 11 hermanos, el joven Gentil se ubicó en Bogotá, capital colombiana que durante la década de 1950, cuando arribaron, demandó servicios musicales de muy diverso tipo, incluidos los tríos destinados a la serenata.

Bambucos, valses, boleros y paseos, fueron la plataforma para que Gentil Montaña empezara a figurar de manera cada vez mayor en el medio musical generado en La Plaza de las Nieves, centro de la capital colombiana. Al poco tiempo empezó a ser conocido como “El puntero atómico”, en referencia a su notable virtuosismo. Grilles y bares como “La Puerta del Sol”, “As de copas” y “La Pampa”, contaron con los servicios de Gentil y en ellos el guitarrista incrementó su repertorio y experiencia en el ámbito de la música popular.

Luego de verlo en escena, el español Domingo González, cantante y guitarrista, impartió a Gentil Montaña las primeras lecciones de lectura musical y puso en su conocimiento las posibilidades de la guitarra solista por medio de la audición de influyentes intérpretes como lo fueron los españoles Andrés Segovia (1893 – 1987)  y Narciso Yepes (1927 – 1997). Gentil inició entonces una formación como guitarrista clásico a la que se sumaron las lecciones impartidas por el bogotano Daniel Baquero (1924), chelista de la Orquesta Sinfónica de Colombia y guitarrista por afición.

Entre González y Baquero, Gentil entró en contacto con obras recurrentes dentro de la limitada oferta con que contaba el repertorio para guitarra en el medio colombiano. Los resultados de sus avances en la materia, se expresaron el 9 de noviembre del año 1964, cuando presentó su debut como solista en concierto desarrollado en el Teatro Lido, de la ciudad de Medellín.

La confluencia entre géneros musicales populares y el estudio de las obras solistas del instrumento, con el catalizador de su innato talento, hicieron de Gentil Montaña un músico brillante dentro del escaso número de guitarristas activos en Bogotá durante las décadas de 1960 y 1970. Volcado a las posibilidades del instrumento en el desarrollo de la música popular, Montaña se dedicó al estudio y trascripción para guitarra de diferentes piezas de salón escritas en los albores del siglo XX, con énfasis en la obra del admirado Luis Antonio Calvo (1882-1945).

Al dejar de lado su actividad en el medio  nocturno del entretenimiento, Gentil emprendió una de sus etapas más representativas, plasmada tanto en la composición para el formato del llamado trío típico (bandola, tiple y guitarra) como en el viaje que hizo a Venezuela para participar en el Concurso Internacional de Guitarra “Alirio Díaz”, desarrollado en el año 1975. Allí ocupó un admirable tercer lugar. La solidez técnica y nuevos conocimientos de teoría musical, sumados al bagaje en la práctica popular, fueron los pilares de su obra y responden a una necesidad del ambiente cultural colombiano que desde entonces se ha mantenido presente.

Alirio Díaz (1923), quien escuchó a Gentil en la interpretación de la primera Suite para guitarra escrita por el colombiano, no solo le animó para continuar con la composición, sino que lo exhortó a continuar su formación en Europa, concretamente en España. Su llegada al Viejo Continente no fue fácil. Luego de agotar los limitados recursos, acudió a la embajada de Colombia en España, donde fue recibido por Belisario Betancur. Tras algunas presentaciones en salas modestas y en la radio, emprendió un nuevo periplo, esta vez con París como destino. Allí retomó su labor en el campo de la música popular, mientras dedicaba algunas horas al estudio de la guitarra solista y de manera limitada a la composición. Más tarde se radicó en Grecia, donde permaneció hasta el año 1981, año en el que decidió regresar de manera definitiva a su país natal.

En Colombia fue recibido con brazos abiertos. Junto a una actividad de conciertos por todo el país, inició de manera mucho más decidida un nuevo ejercicio creativo, empresa en la que contó con la complicidad del bandolista y arreglista bogotano Luis Fernando León Rengifo (1952). Sus obras, que demandan del intérprete una formación técnica de consideración, producto de un contenido musical de mayor complejidad, hicieron de Montaña y León un par de músicos de importancia primordial para el desarrollo de la música andina colombiana durante las décadas de 1980 y 90. Para el caso de Gentil Montaña y la guitarra, sus aportes fueron decisivos en el vínculo que el instrumento empezó a desarrollar desde entonces con el contexto académico colombiano.

Del grupo de guitarristas solistas colombianos presentes en el Recital de la Semana de la Radio Nacional, Gentil Montaña es quien cuenta con mayor número de grabaciones conservadas en el archivo. Estas fueron emitidas el 13 y el 23 de septiembre de 1975. Se conservan otras dos cintas correspondientes ya a la década de 1990, que dan cuenta de la vigencia de Gentil Montaña en el ámbito musical colombiano.

Infortunadamente las grabaciones no cuentan con fecha de grabación. Es de suponer no obstante, que fueron cercanas a la fecha de emisión, que sí se consignó en el libreto que acompaña a cada cinta. Por el sonido del público, se sabe que la grabación emitida el 23 de septiembre corresponde a un concierto de Gentil Montaña. No se cuenta con información de lugar y fecha del mismo. La grabación emitida el 13 de septiembre no cuenta con ningún sonido adicional al de la guitarra, por lo que es de suponer que fue realizada en los estudios de la Radio Nacional.

De esta última grabación se han seleccionado dos obras para el trabajo discográfico Guitarra Clásica en la Radio Nacional de Colombia 1968 – 1978: Variaciones sobre un tema de ‘La Flauta Mágica’ (Fernando Sor) y Vals de la Suite Venezolana (Antonio Lauro). Para acompañar esta nota se ofrecen otros dos apartes, de las mencionadas grabaciones.

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Link para escuchar las dos obras.

Por parte de Colombia Identitaria queremos compartir un par de links extras para descargar “Suite Colombiana No.2”, obras de Gentil Montaña y  “Voz y Canto de la Colombia Andina”, composiciones de José A. Morales en su voz y acompañando en la guitarra Gentil Montaña.

Oraciones, Secretos y Conjuros

Fragmento del libro “Oraciones, Secretos y Conjuros de la Zona Rural Colombiana”. 
Por Alvaro Chaves Mendoza.

Al lado del fervor religioso del campesino colombiano, juega un papel importante en la vida cotidiana el uso de oraciones, secretos y conjuros mágicos. La magia es una realidad que se hace presente en todas las regiones de nuestro país y aunque su incidencia es mayor en la zona rural, no por ello deja de presentarse en los núcleos urbanos.

Por los campos y plazas de mercado de pueblos y aldeas, se encuentran dondequiera vendedores ambulantes que ofrecen pequeños folletos con títulos como “El Nuevo Opalsky”, “Magia amorosa y verde”, etc. Junto con amuletos para la buena suerte o preventivos del “mal de ojo”, tales como pequeños trozos de azabache o coral. Parte de su mercancía consiste también en yerbas mágicas curativas.

Mezclada con la religión católica, la magia aparece en oraciones utilizadas para conseguir buena suerte en la vida, prosperidad en negocios o empresas, curación de enfermedades o protección contra maleficios y, principalmente, para obtener éxito en asuntos amorosos.

Las oraciones más eficaces, o las que sirven para una mayor cantidad de propósitos, son vendidas en hojas sueltas a un precio más elevado. Se considera que quien compre estas oraciones debe guardarlas en el mayor secreto y sólo podrá darlas a conocer a personas buenas. En caso de facilitarlas a personas malas, venderlas de nuevo o tenerlas por negocio, perderán su efecto. Tampoco servirán al decirlas “en mal estado”, por ejemplo, al haber dormido con una mujer y no haberse bañado.

Casi todas las oraciones surten efectos al ser rezadas, con excepción de la “Oración a la Virgen del Carmen” y el “Conjuro de la Santísima Trinidad”, las cuales son eficaces con sólo llevarlas escritas.

La fuente originaria de este tipo de rezos y conjuros está en antiguos libros de magia, que circularon profusamente en Europa hasta mediados del siglo pasado y hoy día se editan en México y tienen compradores en toda América Latina. Ellos son el “Libro de San Cipriano”, “Las auroras de oro”, “El abismo florecido”, “El dragón rojo” y otros.

La oración mágica es una mezcla de invocaciones, ruegos, súplicas e imprecaciones a los Santos y los espíritus infernales, se considera más eficaz que la oración corriente del rito católico y que las “novenas” a los Santos, debido al “misterio que tienen” y porque van dirigidas a “determinado santo”, con un fin específico que se realiza en una persona determinada. Hay una oración para cada caso especial y ésta lleva indicación de cómo, cuándo, dónde y en qué forma y estado debe realizarse. La magia por analogía o por contacto, aparece en muchas de ellas y si alguno de los requisitos se omite, la oración no tendrá efecto alguno.

Casi todos estos rezos tienen una “contra”, o sea la oración que anula o disminuye su efecto, pero algunos carecen de esta defensa y son, por lo tanto, los más eficaces y apreciados. Tal vez el caso de la “Oración del tabaco” que sirve para hacer venir a la persona que se ama. Se podrá lograr, gracias a la “contra”, que esa persona no se convierta en esclava del rezador, pero de todas maneras el objetivo primordial, que es hacerla venir, tiene que cumplirse.
Ésta es una de las oraciones que se pueden leer en el documento, y bueno, por otro lado confieso que más bien fue poco lo que leí, asusta de verdad algunas “oraciones” con que uno se encuentra, seguro que algunas pueden herir susceptibilidades (hehe).

Oración al Justo Juez

Alabad al Justo Juez, sea la hora en que mi señor Justo Juez murió y subió a los cielos. Mi buen Jesús, ten misericordia de mí; el Juez Justo me guarda y me defienda de todos mis enemigos y contrarios; ya es mi tiempo, acudid a mi defensa, permitid señor que mis enemigos tengan ojos y no me vean, tengan boca y no me hablen, tengan manos y no me agarren, tengan pies y no me alcancen.

Permitid señor que mi valor se haga un Juan y no un San Pablo y que por mis hazañas vaya libre por donde quiera que fuese. Sea tigre, sea león, sea hombre, sea mujer, vendrán humillados como mi buen Jesús a la Cruz el Viernes Santo. Pídote que no sea preso, ni herido, ni perseguido por la justicia, con la espada de San Juan y con el Manto de la Virgen hasta llegar a la casa nuestra.

La Santa Cruz responda por mí y me libre del enemigo antiguo. (Tres Credos).

La Madre Grande

Por rutas distintas llegaron dos historias de compañeras de hábitos de la Madre Laura. Dos tías Madres que compartieron trochas y campanas con la santa de Jericó. Los sobrinos escriben con devoción la crónica familiar de sus tías Lauritas. Las monjas venían de la selva y traían más cuentos que los tíos policías.

Por Juan Carlos Orrego. Fotografía: Archivo familiar.
Visto en La Revista UC

En mi casa, antes que la Madre Laura, fue famosa la Madre Cecilia; y lo es todavía: se trata de mi tía paterna –mi única familiar directa en esa rama podada–, misionera octogenaria tan audaz e indoblegable como todas las de su clase. De no mediar los solemnes festejos por la canonización de su antigua superiora –así como cierto consejo médico– mi tía estaría ahora mismo enseñando el catecismo a los makunas y yukunas de La Pedrera, agobiada por el calor y las boas de la selva amazónica. No cabe duda de que las misiones religiosas son el destino natural de los obstinados.

Gracias a mi tía, Laura Montoya Upegui es vieja conocida de mi casa, y, en consecuencia, la noticia de su llegada a los altares fue tomada como el anuncio de que una abuela se ganaba el Premio Nobel o, al menos, el premio gordo de la Lotería de Medellín. El estreno de mi uso de razón está ligado a las estadías de mi tía –La Tía, para ser más exactos– en Bogotá y Ecuador, desde donde llegaba todos los diciembres con la maleta llena de chécheres, regalos y misteriosas "encomiendas". A un lado de nuestras chocolatinas y galletas exóticas aparecían las revistas y estampas con la efigie de la Madre Laura, ya se tratara del retrato en que, todavía muy joven –de hecho, muy bella–, mira hacia su izquierda con un gesto tan humilde como imponente, tocada en el pecho con la florida "M" de la Congregación de Misioneras de María Inmaculada y Santa Catalina de Siena; o de ese otro dibujo en que, vieja y mofletuda, está dirigida hacia la diestra mientras sostiene una pluma, sentada a un escritorio con visos de reclinatorio. A propósito de dicho gesto literario, no está de más anotar que de las maletas de La Tía surgían frecuentemente los libros de la monja escritora, sobre todo las Cartas misionales y La aventura misional en Dabeiba. Un capricho del destino ha hecho que yo asocie esas obras pías con los cuentos de La increíble y triste historia de la Cándida Eréndira y de su abuela desalmada de García Márquez, que por entonces leía mi hermana mayor en cumplimiento de una tarea colegial.

La Tía conoció a la Madre Laura el 15 de diciembre de 1946, según se lo recuerda su proverbial memoria, afilada como la de un compositor sordomudo. Pero entonces la hermana de mi padre era solamente eso, hermana de mi padre –aunque cabe advertir que para entonces mi padre no era mi padre–, y apenas se aprestaba a iniciar la devota carrera que la convertiría en "Madre": tenía 13 años, y había ido al convento de Belencito en vísperas de una especie de reclutamiento espiritual que la llevaría, al día siguiente, a la Escuela Apostólica que las monjas tenían en el municipio de Granada. Mientras La Tía recorría el convento bajo la tutela de la hermana Margarita Ochoa, apareció, en un cruce de pasillos, la venerable matrona. La llevaban en silla de ruedas, para que sus hondas cavilaciones no tuvieran que distraerse con las profanas lidias de un cuerpo achacoso. La hermana priora presentó la niña a la superiora, y esta, tras palmearle la mejilla, le dijo: "Sea juiciosa, mijita". La Tía supo inmediatamente que su vida se partía en dos: había sido tocada por una escogida. Pero lo sintió porque Laura Montoya lo irradiaba, y no porque, por obra de alguna impensada cabriola de su memoria borgiana, La Tía hubiera sabido que un Papa latinoamericano la iba a declarar santa 67 años más tarde.

Con el barullo de la canonización quise hurgar más a fondo en la memoria de La Tía y le pregunté por los últimos días de la Madre Laura. A pesar de que esos fueron días grises, los recordaba entre sonrisas: tanta es su conciencia de haberse cruzado con el carro de la historia. Con toda generosidad me descorrió el velo de una escena que pertenece a la intimidad de la congregación (generosidad que, acaso, algo tiene de agradecimiento por el hecho –sabe Dios si intencionado o casual– de que puse el nombre de Laura a mi primogénita), y me contó lo que vio las veces en que, como novicias, ella y sus compañeras fueron llevadas ante la cama de la Madre agonizante para que elevaran preces por su próximo descanso. La Tía narra que la Madre Laura, presa del delirio de la meningitis, alzaba los brazos al cielo con visible desespero, dejando ver que la agobiaba un dolor infinito, pero, al mismo tiempo, dando a entender que algo se vislumbraba en las alturas. Cuando se produjo el deceso, La Tía fue comisionada para tocar las campanas a rebato y anunciar la mala nueva a Medellín. La muerte de la iluminada conmovió a la ciudad, y la iglesia del convento de Belencito se abarrotó con motivo de las honras fúnebres, presididas por el Arzobispo de Medellín.

La Tía ha vivido un lustro más de lo que pudo la Madre Laura. Y, como la de ella, su vida es una suma de esfuerzos y milagros; por supuesto, los de mi parienta no han gozado del reconocimiento de la opinión pública y, mucho menos, del Vaticano: conocer y compartir los rincones en que anida la pobreza de Colombia; radicarse en los confines del mundo, entre mosquitos y humedades, para enseñar un catecismo que acaso pocos entienden, y trabajar de sol a sol todos los días del año, sin el aliciente de los festivos, las primas y las vacaciones remuneradas que hacen la dicha de los asalariados; inclusive, quizá no sea un prodigio menor tener que soportar –porque la vida es irónica– que un sobrino le haya salido antropólogo y, por fuerza, descreído. El monumento de sus inminentes ochenta años, sumado al miedo de perderla, me hizo soñar con ella una noche perdida de hace dos o tres semanas. Las caprichosas asociaciones de la memoria quisieron que un cuento de Gabo, La viuda de Montiel, fuera el eje narrativo del sueño. Por eso, en la última escena –a un segundo de que la alarma de las cinco me sacara de la visión– La Tía está en un solar tupido de plantas amazónicas, mientras la Madre Laura, vestida con una sábana blanca y con un peine apoyado en el regazo –como la Mamá Grande del cuento–, está sentada muy cerca. La Tía pregunta: "¿Cuándo me voy a morir?". La santa dice: "Cuando te empiece el cansancio del brazo". 

La Expedición Botánica en los Andakí

Fuente: Gilberto Vargas Motta Monografía 
Histórica de Acevedo p.p. 137-138-139-140

A fines del siglo XVIII tuvo lugar en el nuevo reino de Granada la creación del magnífico movimiento científico recordado con el nombre de Expedición Botánica. Se debió en primer lugar al espíritu investigador del sabio José Celestino Mutis, y en segundo lugar, al ánimo progresista del arzobispo-Virrey.

Conocida es la preocupación de Caballero y Góngora por la reducción de los indómitos Andakí; y como quisiera obtener datos sobre ellos y conseguir un vocabulario que permitiera enviar misioneros que les predicaran en su lengua resolvió enviar a don José Celestino Mutis a la región andakí, lo que se efectuó en el año de 1787, aproximadamente. Nació el sabio Mutis en Cádiz (España) el 6 de abril de 1732; recibió educación en el real Colegio de San Fernando de su ciudad natal, donde aprendió la Anatomía, Cirugía práctica, Filosofía y Teología. Se recibió de bachiller, en la ciudad andaluza de Sevilla y en Madrid obtuvo borla doctoral en la ciencia de Galeno. Cuando contaba tan solo 28 años la Corona le ofreció beca para hacer estudios en París, Londres, Léiden o Bolonia, pero cautivado por las riquezas naturales de América, prefirió acompañar al bailío frey Pedro Messía de la Cerda en calidad de médico, quien venía como Virrey del Nuevo Reino.

En 1760 llegaron a Cartagena de Indias y dos años más tarde profesaba las matemáticas en el colegio Mayor de Nuestra Señora del Rosario en Santa Fe.

Recibió las órdenes sagradas y se consagró por entero a Dios y al estudio de la naturaleza tropical. Inició la Universidad "sui géneris" que fue la Expedición Botánica, para lo cual contó con el apoyo del arzobispo Caballero; hizo importantísimos estudios botánicos tal como el de las quinas, el té de Bogotá y formó un herbario, verdadero monumento de las ciencias.

En 1787 recorrió la región andakí en donde hizo estudios de los canelos silvestres a los cuales reconoció propiedades semejantes a los del viejo mundo. Interesado por el porvenir económico de esta planta americana, trasladó semillas que sembró en su jardín de investigación. Estos canelos eran conocidos de tiempo atrás: en la Relación de los méritos y servicios de don Sebastián de Belalcázar y de su hijo don Francisco dice: " ...en donde satisfecho (don Sebastián) de la conducta y valor de su hijo don Francisco, inmediatamente lo proveyó de gente, armas y caballos para que en compañía del capitán Juan de Cabrera fuese a descubrir las provincias del Dorado y la Canela, con el designio de poblar.

En el envío número seis que de productos naturales hizo don José Celestino Mutis a la Corte, según manuscrito citado por el señor GROOT, se lee: "Número 6° - Las cañas, hojas y sombrerillos vulgarmente llamados de la canela de Andaquíes".

De su viaje a los Andakí sacó el señor Mutis un vocabulario que publicamos a continuación el cual nos ha sido suministrado por un culto indigenista huilense.

VOCABULARIO ANDAKÍ, SEGÚN MUTIS (1787)

Acay - limón 
ajivenaca - muelas
asajue - Dios

Baguacay - perdiz 
batonají - plato 
basuji - aguacero 
benijé - machete 
batana - batea
basague - culebra
baguacay - perdiz
buyachanay - dátil

Cachicae - bagre 
canchi-ratue - rayo 
candejoche - piña 
capanay - guanábana 
caqui - sol 
catuguay - ruana 
cocoe - bagre-lechero 
cajao-cogo - casa 
conqué - bracilarga 
canchi - trueno
candegache - espinazo
canjonó - espejo
cañaa - gente, río
caqui-pi - sol
cabexa - puerta
cají - achiote
condefuí - danta

Chambanajo - bofe 
chasijae - hermano 
chichixi - estómago 
chiguaco - niño
chiguae - hijo 
chiguana - pecho
chinara - roca
chinasza - labios
chicame - nutria
chañare - duro
chicao - hueso
chifi - genitales
chiguagua - primo
chiguagus - nieto
chimanazo - guineo
chinaza - boca
chuxugua - costilla
chunguaje - oreja

Difiacay - honda

Fiagua - te regalo
fianasari - chaquira 
fieracuarejía - coge (Verb.) 
fisoña - estrella 
fiyuchí - lorito
fiaguay - mico
fiansome - te quiero
fisanamá - cara negra
fiszohé - diablo

Guacojó - canoa 
guaguajafí - hilo 
guajero - guadua 
guajó - ají 
guairjí - codo 
guatiyé - piedra 
guifi - nariz
guachagua - relámpago
guaguana - algodón
guajije - olla
guansuche - barro
guasó - huevo
guayojó - lanza

Icojó - bodoquera 
imbiná - plata 
indai - paujil
ijú - hamaca
incí - vamos

Jiconajá - viento 
jifinató - hígado 
jijoe - raya (pez) 
josaesá - calzón 
juanajé - hombre 
jupenajé - mosca
jifi (xifi) - candela
jiji-jexe - agua
jinae - negro
josó - flauta
junchigá - árbol

Lacayojó - cacao

Maisegua - rabo
majixi - comida
majanae - camarana
mandinifé - calabazo
mandona - nalgas 
manñué - sardinata
mansessai - tórtola grande
masojó - hoja 
miguaí - tigrillo 
mijinae - tierra 
mingosaa - brazo
mitae - luna 
musoe - bocachico 
Maindejó - coco
majá-majhá - mamá
manayae - loro
mandenae - cafuche
mandegua - murciélago
mandisi - sal
manduguaso - plátano
maanchaguai - ardilla
mensesai - tortolita
michiguía - picudo pequeño
mujina - tierra
mingocaguasá - camisa
mizzihí - hombre
mitajó - cielo

Nagua - bueno 
napuguara - veneno 
nanquizo - carne
nosucua - mujer 
ninoana - viene
namanamana - cera blanca
nandinero - totuma
nanszihize - tres
nanigueye - (?)

Ochegua - anzuelo

Pagá - yuca 
pii - hermano
paguachí - sapallo

Quinajá - cabello
quinají - cabeza

Rapae - caimán 
rumena - juansoco
riquii - mamita

Sacahá - mano 
sacanafí - horqueta 
sacea - caña 
saguán-coachagua - cinco
sambená - empeine 
sanguacá - pescuezo 
sapallajó - papaya 
sasaguana - canilla 
sicojí - dentón 
sifijo - cejas 
sinsije - enaguas 
socay - perro 
socorose - cuchillo 
sonai-shonae - lengua 
sonday - venado 
soronea - perdiz gde. 
sujo - mochila 
shotajiji - monte 
szuszuca - teta
sacaá - mano
sacanají - rodilla
sachi - aguacate
sajó-saxó - uña
sanagó - sardina
sanjecaca - mate
saraguañae - gallina
seguaya - mono volador
slfi-zsifi - ojos
sinsije - corazón
siñocae - guara
socaje - manzana
soguopaná - pie
sonasó-zse - pierna
somogae - mono cotudo
socará - oro
songuajo - oreja
szecahá - pie

Taja - padre 
tijitiana - frente
tajahá - taita padre

Unsafó - malva 
unsuga - teta 
unsajó - barba
untaje - luna

Vegai - dorada
visoe - mochilero

Xifi - fuego

Yaseró - malo

Zuszuca - seno

La Música Carranguera (Reseña)

Tomado de “La Música Carranguera” tesis de grado de 
Renato Paone, Medellín 1999.

“… Y pa`completar la cosa , y acabarla`e rematar,
lo negociamos a oscuras, sin ver el color fatal,
color que por el camino, pasó de rojo a morado,
y un olorcito señores, como de perro mojado…”
El Carranguero, Jorge Velosa.

ETIMOLOGÍA
El termino Carranga es un regionalismo, se refiere al animal muerto por enfermedad, accidente, vejez o muerte natural (no sacrificio) y el cual los dueños para no perderlo completamente y a pesar del riesgo higiénico que esto representaba, lo vendían para hacer embutidos en los muchos sitios de compra de Carranga que existían en la región Cundiboyacense, en especial en el municipio de Ubate, apodado “capital mundial de la Carranguería”*

Parece ser que la Carranguería fue un muy buen negocio a mediados de siglo, incluso parece ser más antiguo aun este oficio según escribió Fray Sandalio de las Llagas en sus “Crónicas de Boyacá” (Época colonial), citado por obregón.* A los que negociaban con Carranga se les llamaba Carrangueros y se les veía como “delincuentes” por su oficio, tratar con un Carranguero era algo indecoroso por su condición de traficantes de Carroña.

Basándonos en lo expuesto por Erich From en su libro “El lenguaje olvidado” el Termino Carranga es solo un símbolo convencional ya que solo adquiere significado para los habitantes de una región, los cuales han ya experimentado el proceso social de la Carranga, si se hablara de Carranga en un contexto social diferente al Cundiboyacense, el Termino adquiere muy poca simbología.

La danza de las perdices, el juego de la cosecha (crónica)

Visto en LasConversas

Es domingo, don Pedro Elías se levanta de mañanita, se echa tres bendiciones, muda sus animales, toma “tres sorbos de caldo” y con traje fiestero coge camino para el pueblo. En su recorrido silba un par de canciones, como anunciando que hay festejo, que no es un día cualquiera y que su destreza de nuevo arrancará un poco de aplausos que con alegría cargará en su corazón, mientras “la pinta y las piernas aguanten”, como atina a decirlo.

Es quizá el más veterano del Grupo de Danzas Campesinas de Tibasosa, por edad y por su experiencia, pues son muchos años de andanzas, bailes y jolgorio, lo que le ha permitido ser indispensable no solo como bailador, sino también porque guarda en su memoria los relatos mágicos de cada pieza folclórica, sus pasos y su coreografía, con lo cual la puesta en escena es mucho más auténtica y se vuelve testimonio de esas tradiciones con las que en otrora se compartían las diversas manifestaciones de la vida.

El Tiple y su Genealogía

Por Jonh Jairo Torres de la Pava

INTRODUCCIÓN.

Para el Ingeniero Civil, tiplista y escritor David Puerta Zuluaga, el Tiple "Es un personaje netamente Colombiano, andariego y proletario, con arterias de alambre y corazón de madera; hijo de padre desconocido, que nació en algún lugar de nuestra geografía Andina; creció entre los más humildes: Mineros, Campesinos, Arrieros, Artesanos; nunca, durante su infancia, fue invitado a una fiesta de alcurnia; no podía entrar a las casas de la gente bien; hasta hubo párrocos que lo expulsaron de sus iglesias... Pero el tiple no se dejó abatir. Por el contrario se metió en el alma colectiva, ayudó a los comuneros en su grito, acompañó a los libertadores en sus jornadas emancipadoras, se convirtió en el compañero de bodas, serenatas, fiestas y despechos; se incrustó en la vida de la nación como símbolo y anclaje de la Colombianidad."

Estos son apartes del prologo de uno de los pocos libros que tratan con profundidad y rigor investigativo el tema del Tiple; se trata del libro LOS CAMINOS DEL TIPLE, producido por ediciones AMP DAMEL LTDA y por el mismo autor, esta obra fue premiada en el concurso de Historia Nacional en 1985.

Del origen del tiple sabemos poco, pero por sus múltiples similitudes, podríamos afirmar que es un descendiente americano de la Guitarra. Vamos a tratar de despejar este misterio haciendo uso de algunas teorías y de los pocos tratados que abordan con seriedad este interesante tema.

El Cóndor de los Ándes: Ave milenaria y ancestral

Cóndor de los Ándes (Vultur Gryphus)

Por: Andrés Sánchez 

Por miles de años, esta ave ha surcado los cielos de los andes colombianos y de Latinoamérica, acá en Colombia principalmente se ubica en el centro del país. Llega a pesar hasta 12 kg y al despliegue de sus alas puede alcanzar a medir 3,4 metros, además es el ave voladora más grande del mundo. En un día esta ave puede ingerir 5 kg de alimento, y cuando no lo hay ayuna hasta 5 semanas. La hembra se diferencia del macho por que tiene el iris color rojo y el macho posee cresta y su iris es café claro.

Sólo se reproducen cada 2 años, durante 58 días es el periodo de gestación, donde el padre y la madre se encargan de encubar el huevo. Estos llegan a la vida adulta a los 8 años y pueden vivir de 40 a 50 años.

Gran parte de su existencia la pasa volando, puede alcanzar alturas de hasta 10.000 metros y sus territorios se expanden hasta 120 km, y su muy desarrollado sentido de la vista le permite avistar su alimento.

Aproximación al escudo de Colombia

Entre las tantas cosas que se encuentran en la red, me pareció notable esta. No me parece que esté de algún modo denotando de mala manera nuestros símbolos, ni que niegue o contradiga los fines del blog.  Por el contrario me parece una buena reflexión, sobre todo muy actual sobre la condición y vivencia hoy día en estas tierras.

En la cúspide del conjunto la altivez del cóndor sostiene una corona de laurel entre su pico, mientras sus garras se aferran a lo frágil de un cinto que reza en su interior: Libertad y orden. De manera descendente se pueden ver los cuernos de la abundancia rebosantes de frutos de la tierra, luego y coronando el extremo de una vara se ve el gorro escarlata de los Sand culottes y finalmente en el extremo inferior dos embarcaciones sobre mares azules son separadas por montañas, todo esto rodeado de sendos estandartes tricolores adheridos a fieras lanzas de combate.

La realidad del escudo: 
El cóndor esta extinto en nuestro cielo, el antiguo carroñero de los andes ha sido exterminado por el delito ruin de raptar corderos y cabritos, ahora importan sus polluelos desde el norte.

El laurel aún perdura “finamente picado para adobar la carne en los asados” La máxima de libertad y orden ha sido trastocada por libertad para el desorden o libertad condicional, los cuernos de la abundancia son de granadas, minas, balas y armamento. El gorro frigio ahora es un sombrero zenú de cañaflecha.

Las embarcaciones sobre los dos océanos, dejaron de ser desde hace tiempo, fruto de las estrategias comerciales del imperio y de la incompetencia de un insigne mandatario que componía grafías y fabricaba versos.

Y del tricolor que antaño representaba el sol, los océanos y la sangre derramada por los guerreros muertos por su patria, solo queda el amarillo de un oro que algunos europeos se robaron, el azul del partido que masacró a los rojos y el rojo del partido que degolló a los azules.
Chuntivero Embejucado 

Colombia Number One

Por: Carlos León Gaviria Ríos

Del libro Colombia en la Guerra de Corea: memorias veteranas, escrito por Carlos León Gaviria Ríos y próximo a publicarse. Fragmentos que alumbran esas lejanas batallas traspapeladas entre las muchas locales.

El Batallón Colombia fue asignado, luego de su entrenamiento, al 21 Regimiento de Infantería Gimlets (Taladros) de la 24 División Victory del VIII Ejército norteamericano. Una vez el Batallón Colombia ocupó su lugar en el campo de batalla, la radio de Peiping, bajo control comunista, lo saludó en español: "Bienvenida a los soldados colombianos en su llegada a línea de fuego. Esperamos conocer el valor de estos suramericanos". El 7 de agosto de 1951 comenzaron las pruebas de valor. En su primera patrulla ofensiva, con la que quisieron conmemorar la batalla del Puente de Boyacá, fueron heridos once soldados. Desde su posición el Batallón envió patrullas de reconocimiento ofensivo, lo que le costó, el 7 de octubre, sus primeras tres bajas: el sargento David A. Hurtado, el soldado Oliverio Cruz y el cabo primero Helio de Jesús Ramos, autor de la letra del himno del Batallón Colombia.

¿Cuál Tradición?

Visto en NonConforme.

¿Mantener la tradición en Colombia? ¿Añorar nuestro pasado? ¿Odiar la modernidad? Querer mantener la tradición en Colombia seria: añorar sostenerse como colonia de un imperio que lo único que hizo fue saquear nuestros actuales territorios, lejos del legado académico y civilizatorio, el imperio español también trajo consigo el amor por el oro y el desprecio por el ser humano. Seria arrastrar el duro sistema de clases sociales, similar a los regímenes de casta y herencia y foco de la discriminación y el odio entre ricos y pobres. Seria querer sostener a los grandes hacendados y a sus idiotas útiles como siervos de la gleba, nosotros.

Seria arrastrar el racismo para el indio, el odio al blanco y la lastima por el negro. Seria arrastrar un sistema político corrupto, creado para concentrar el dinero en los hijos directos de los españoles. Seria querer revivir el duro sistema económico que convirtió al campesino colombiano en prácticamente un esclavo. Seria el revivir el odio bipartidista, ese que asesino a colombianos por ser azules o rojos. Seria querer sostener a la oligarquía que mata al caudillo que ama al pueblo, sin importar su filiación política. Seria sostener a los políticos que por mas de 200 años se han repartido el país; los Holguín, los Santos, los Pastrana, los Turbay, los López, el etcétera es bastante largo.

Gegar Colombiano: Una raza desconocida

Autor: Pablo Gómez

El Gegar colombiano es una raza canina creada por el fallecido Germán García y García, reconocido criador de perros en Colombia de donde toma el nombre la raza. La investigación para la creación de esta raza comienza en 1975, por esto es prácticamente una raza nueva, creada con la intención de que Colombia tuviera un perro nacional con estándar, como el Inca peruano, el Dogo argentino, el Fila Brasileiro o el Chihuahua mexicano. Todavía es una raza en formación, con unos 200 animales localizados en Bogotá, Ibagué y los Llanos.

Es un descendiente del Basenji, el Canaan Dog y una primitiva raza del interior del país Colombiano, que actualmente se considera extinguida. Sin embargo es común ver similitudes entre el "Gegar" y los perros callejeros o "criollos" llamados también "Gozques", que deambulan por las calles de las ciudades colombianas.

Vivir Peligrosamente


"¡Ni riesgos! Vivir peligrosamente, señores, el peligro nos mantiene despiertos, rápidos en pensar y atacar. Porque si nos echamos con las petacas nos ponemos hobachones, la vida se duerme y uno se acaba".

Ernesto, personaje literario de la obra de 
Manuel Mejía Vallejo, Aire de Tango.
(En la fotografía Juan Machete, 
Parque Temático Las Malocas / 
Villavicencio, Meta, Colombia).