Sus piezas partieron de
silbidos y se convirtieron en sinfonías. Para el maestro Jorge Villamil la
música era tan sencilla y espontánea como silbar y hacer composiciones y por
eso en su haber alcanzaron a figurar más de 200 creaciones de primera
categoría. Muchas de ellas siguen siendo, después de varios lustros, homenajes
sentidos a su natal Huila y pilares fundamentales del folclor andino
colombiano.
Nunca aprendió a leer notas,
porque la música era al comienzo una pasión alterna, pues sus afectos estaban
concentrados en los estudios de medicina, de los que se graduó como ortopedista
y traumatólogo en plena década de los 50. Durante su ejercicio profesional en
lo que se conoció en la época como el Instituto de los Seguros Sociales se
lanzó a los terrenos de la composición en un tiempo en el que las artes no eran
bien vistas. “Yo recuerdo que antes la palabra compositor era sinónimo de
‘perro’, porque la música se desarrollaba en un ambiente muy bohemio. Incluso,
mis papás al comienzo no estuvieron de acuerdo porque no querían que (dizque)
su hijo se torciera”, manifestaba entre risas el creador de temas tan insignes
como Oropel, Llamarada, Me llevarás en ti, Luna roja y El barcino.



