La grafonola acompaña siempre a lo más
delicioso, las circunstancias antecedentes del amor. Porque, así como el
delito, el amor tiene circunstancias antecedentes, concomitantes y
consiguientes. Todo lo agradable de la vida es antecedente del amor; todo lo
que llamamos alegría, en cualquiera de sus manifestaciones, es antecedente del
amor. La perspectiva del amor es el encanto del viajero, el encanto de todo lo
que vive, la ilusión de todo lo que existe, desde el átomo hasta Dios. ¿Qué
importa el objeto? Es una disculpa para poder amar. Nacimos para eso y
antecedentes del amor son todos los heroísmos y todas las obras. Así como en la
fonda desconocida el viajero siente una alegría vaga que no es otra cosa que la
perspectiva de las figuras femeninas posibles, asimismo está el amor detrás de
las trabajosas obras de Hegel… Las circunstancias concomitantes y subsiguientes
al amor son tristeza. Entonces se convence uno de que lo engañó esta madre
Naturaleza que sólo se preocupa por la especie. Las circunstancias subsiguientes
al amor son iguales a viajar durante días en un tren: se experimenta la misma
desazón en la columna vertebral.
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